16.11.09

blacanjuait



La grisedad siempre triunfa en las tardes montevideanas

pero la mañana que acostumbra solear el cristal

nos salva de tanto blacanjuait angustiado y angustiante.

Porque el nuestro no es un grisor sin cédula,

no es una grisura simple y pura

No.

Ese pequeño monstruo pictórico que nos diseña sin verdes ni escarlatas,

que nos adolora la nuca de tanto obligarnos a dar vuelta y admirar

lo bueno que fueron esos viejos tiempos terribles

(que dios bifronte los tenga en su propio infierno y a nosotros nos ampare)

ese pequeño hongo venenoso es, más bien, blacanjuait.

Sí.

¿Qué?

Ah no, disculpemé,

pero yo

no sé por qué.

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