31.10.18

En el Almacén El Hacha, ciclo de poesía de Pablo Galante

11.2.18

Descanso

Ahora que duerme en la noche, descansa el oído de su lamento, la espalda de su peso y la casa toda de su lento arar sobre la vieja baldosa que sufre su paso apenas rozando el piso, leve de dolor y cansancio.
Ahora que duerme me asusto previendo el futuro. Su ausencia. Quisiera curarme ahora que todavía está, del maldito agujero que abrirá en mi corazón cuando se vaya.
Pero no es posible.
Luego de su ida sobrevendrá el dolor que dicen va desapareciendo con el tiempo. Quizás ese pueda ser un consuelo. Pero todavía no lo parece.
Que no termine esta noche en la que duerme plácida sobre su cama, que repita su trasiego de huesos de un lado a otro de mi casa cada mañana mientras busco como atemperar sus dolores, que no me deje todavía que ya empiezo a extrañarla.

4.2.18

Un carajo de poema dolorido


Mi madre es una leona que ruge en la noche.
Fue niña hija y asistente de una madre inválida que lavó sus pisos a ras del suelo, como lombriz, aireando la tierra fértil de la vida de mi madre-niña, cachorro crecido que levanta baldes liberándola de su reptar a los once años. Volvió la vieja leona a su silla, a descansar de arrastrar sus piernas inútiles.
Mi madre ruge en la noche.
Fue niña-mujer mi madre y cumplió con la suya hasta que murió la inválida que sostuvo a toda la familia, y entonces fue mujer-esposa mi madre que me parió.  
Mi madre ruge en la noche.
No sé si hay un dios o un destino o es apenas una mierda el cuerpo que nos tiene. Ruge en la noche por un dolor que es más que la carne adolorida. ¿Acaso le duelen las piernas inútiles de la vieja leona a la pierna de mi madre?
Mi madre ruge al ras de la noche su dolor y no tengo consuelo para darle.

24.1.18

Otra voz


Reviso impaciente las palabras que hay en mí. No soy dueña de lo que pienso. Soy apenas un reflejo de otras voces que, sobre mi pensamiento, han saltado hasta formar esta especie de paisaje lunar.
Reviso imprudente las palabras que salen de mi boca y no sé si debiera censurar lo que digo, es tan poco lo que me pertenece que para qué decir.
Reviso involuntariamente las palabras que no escribo.

Duele la presencia del tiempo bajo las plantas de mis pies. No pienso en cuáles han sido los pasos dados ni mido las distancias; cuántos fueron o qué significado pueden guardar si no es posible volver sobre ellas. No dispongo de más horizonte que aquel que veo desde hoy y perderlo por mirar atrás es insensato. Quizás deba cerrar los ojos para evitar la tentación de voltear la cabeza. La mujer sin nombre vuelta sal todavía advierte.

Ante la puerta cerrada golpea la mirada una vez y otra y otra. No atiende nadie el llamado. Se teme al mensajero que no traiga otra cosa que lo que ya se sabe. Lo nuevo es motivo de discordia y lo viejo se deshace entre los cacharros arrumbados en el fondo de la casa. Nadie llega hasta ahí, nadie airea ni entierra lo viejo, temiendo el resultado. Lo nuevo muere desangrado en la puerta, del lado de afuera, a la intemperie estéril de una madrugada eterna.

Mientras tanto el viejo oficio embrida los dedos para que caracoleando borden palabras ajenas sobre resmas prestadas. Es imposible que la negación prospere. Mejor hacer de cuenta que la autenticidad está asegurada. Que nadie ha plantado las semillas de este hacer solitario. Que nadie sembró lo que da fruto. Que toda cosecha me pertenece. Pero allí los cráteres vacíos. Allí la nada y su inercia. Allí el rastro de otra voz que no es la mía.

Resignada nivel dios

La tierra, cáscara helada de puro invierno, ha dejado de ser. Todo ha muerto. Camino sin ver qué pisan mis pies y dudo que algún día pueda verlo. Es que estoy ciega. Busqué auroras de pan, saciar el hambre del abrazo curador, del sexo mágico, tal vez del amor. Me creí todos los cuentos. Preferí el refugio antes que la intemperie. Quise salvarme como era costumbre, obedeciendo.

Las que yacen bajo este suelo
no saben más que silencio
Otras preguntan vueltas cenizas al viento
y no hay respuestas, sólo silencio.

Es el amor, contaba el último cuento. No le discutas, ya sabés que te quiere. Mirá si no, qué húmedos tiene los ojos cada vez que te pide perdón. Es que no controla la fuerza que tiene. Por eso no le decís nada al médico que diagnostica ni a quien te enyesa. Te prometió que nunca más. Y quizás ahora sea cierto.

Levísimo en el aire se expande el grito
ahogado en pleno nacimiento.
Buscó sin descanso hasta morir
la razón de la muerte o su remedio.

No hay remedio cuando se enoja. La culpa es tuya. Sabés bien que está cansado. Viene de la obra con la espalda quebrada, los riñones doloridos. Viene estresado de la oficina por un puto salario, harto de los días perdidos. No le hagas preguntas, que viene de lidiar con los socios en la empresa. Qué suerte tenés vos, que estás en casa sin hacer nada.

El sismo cotidiano afea la calle
resquebraja todo el pavimento
bajo un infierno de barro y limo
los huesos reanudan el cansancio

Todo por no tener buen ojo para elegir marido. Te lo merecés por miope. Por daltónica. Ciega bruta que elige sin mirar lo que hay en oferta. Ahora hacete cargo. Mirá nomás y aprendé cómo hacerlo la próxima vez si es que salís viva de ésta. Si te largan de esta trena. Aprendé lo que te enseñan.

En los mil huecos del osario oculto
como cada noche cuando sopla el viento
canta la voz de la mujer en pena
que duda todavía de su muerte.

15.4.17

Momento I


 Revuelto el lecho del río
se embriaga de luna
roja la luz que se le viene arriba
arremolina contra el guijarro la corriente
y pasa
se llevará acaso un poco del alma
del sauce que obediente seda el agua.


Foto Andrés Capelán

Para Laura Alonso

Averiguo de mi loca sed de poesía
cuando derramas una gota breve
No se beben poemas
como si del desierto me volviera
Sin embargo duele
dejar de leer

el poema llega como a cántaros
me llueve en el alma como a madrugada
y yo despierta en el desierto
preguntando-sabiendo
qué tarea más terrible
leer poemas
qué dulce tarea
leer poemas
qué esperanza
qué destierro de plumas
biromes olvidadas en el fondo del cajón
tantos ataúdes para tantas hojas en blanco
papeles desalmados
sin comunión con alma alguna
arropadas por el polvo de la des-memoria
o del des-encanto

No pares de escribir
aunque te duela
que mi olvido de la Sed
me muere.
Ah, recién estoy en la página 17

Lujuria



La tarde abría su boca roja
cubierta de seda gris
Rompía la luz contra la paredes

Acostado sobre la vía brillaba el riel
atormentado en el vaho del aire inmóvil
desde el cielo la lluvia no llega sólo la luz

No sé si bajan las nubes a mirar lo inerte
calladas descienden disfrazadas de vapor
gozan de la piedra húmeda pariendo musgo

El verdín amenaza las fotos las postales viejas
hasta que una raya de luz raja el cielo en dos
y al morir se derrama en dulce lujuria de agua.

2.2.17

Cucarachas enojadas



elimino la cucaracha
desaparezco a Mari-Juana
elimino al tito y me queda
esa viola que arremete
contra la bata

muro nuevo contra la bañera
y la cucaracha
la cucaracha que no puede

muro triste por fuera
que no puede caminar
y la marea disturbia
la marea contubernia
desturbantea la marea
porque
la cucaracha la cucaracha
ya no puede caminar

aturbantados, velados, combinados
en turcos y marrones y moros y cristianos
devuélvanse la gana

acuérdense
de Villa y de Zapata.

1.3.16

Garúa



del cielo la lluvia se cae de a poco/ en cámara lenta se resbala por el techo hasta alcanzar los jazmines y las magnolias/se cae hacia el pastito recién crecido que la recibe tierno mientras los sapos bailan a su ritmo/salpica las macetas y las hojas y flores que quedan a su alcance/juega de amante con la malvarrosa quien la recibe sobre su ramas que invaden el rosal enredado en el alambre como adorno falso/ acechante espina sin aroma/llega exhausta de tanto beso a la tierra /que la recibe como si fuera en la hambruna pan.

29.2.16

desde mi frente




desde mi frente
la palabra de mi boca
hacia mis dedos
aire al viento que no la grita
no hay más entraña que en el espejo
cada reflejo de mi alma copia
en pleno sueño es roca y agua
es rojo y negro de pompa y luto
ni azul celeste ni corazón
sólo tripas y hueso.

desde mi frente hacia la boca
bóveda múltiple y tormentosa
al río fresco del paladar
cantar mi boca deseara
y no llorar.

Madrugada





Aliño tedio con una pizca de cerrazón
me recuesto en las almohadas ciegas
una nube oscura festonea la ventana
un olor a tierra de lluvia, una paloma negra
Un vago ardor en el horizonte anuncia la mañana
Mezclo silencio con tiranía de penumbras
con orgías de asombro, con fiebre, con desencantos

A mi bisabuelo, padre de Liborio.

























Arisca raíz de tierra roja
la flor que me convoca enterrada en la llanura
semilla de la sangre en pleno cuadro encrucijado
crespón negro, encaje de luto enamorado
te encuentro a mitad de camino
de la nada hacia la nada

Padre de mi abuelo, cuidador de almas transmigradas
de tu tajo certero fueron amantes los muertos que ayudaste
amantes de tu boca sabia y pulso helado, cierto

Haces falta en este mundo sin dignidad, viejo
Que te escupa la tierra amoratada
Que cada tajo que sajó tu cuerpo sane
Que como pan de amargura te devuelva la muerte
y vuelvas a cuidar de nuestras almas doloridas
ayúdame —cuando me toque—
a bien morir que tengo miedo
me lo debes, que soy sangre de tu sangre


27.1.14

A Claudia. A Patricia.



Para qué estará el amor
si no es alivio para qué
si no para encender las manos en las manos

Para qué estará el amor
si no abraza la esperanza
si no inventa un lugar para descansar del sufrimiento

Para qué estará el amor
si a la hora de vivir
no ofrece consuelo pero furia y valor si es necesario

Para qué estará el amor
si no es bien hallado
cualquiera sea la hora en lo oscuro, en lo sagrado

Para qué estará el amor digo
si no es para beber de su miel y su vinagre
para ofrecerlo
para tomarlo.

                                                                25-01-2014

19.12.13

Ahora una exhalación





La luz cuando en el aire amanece

es un oscuro olor a verde profundo

el mar en él

semillas hoscas se esconden

viejas cicatrices de tierra las albergan

La luz enardece aún cuando declina

y nada vacila en la tarde ahogada

nada más que el temblor del asfalto incendiado


El tilo dejó su rastro en el aire, marcó la región umbría

y nada se mueve más que la incesante caída de la luz

al abismo


Respirar es una cuestión seria

el pecho se rebela contra el viejo ejercicio

inhalar exhalar y otra vez 

nada se mueve más que el temblor del asfalto incendiado

La retama amarillea a retazos por el baldío

refresca a puro capricho ahora una aspiración

y la luz cae sin tregua hacia el abismo


Ahora una expiración

 
Plantilla creada por laeulalia basada en la minima de blogger. Modificada por S.C.P.